Limpiar
el género... viene de Maria Antonia, Aida y yo.
"(...)cocinar
en el microondas no ensucia, (...) Al sacar el recetario
se da cuenta de que está manchado, me pide disculpas,
que no tiene más, que lo siente. Se sonroja"(Escena
con Maria Antonia)
"Cajas,
maletas, muebles y limpieza han ocupado todo mi tiempo
del fin de semana y cuando me he querido dar cuenta
no te había enviado la carta que había prometido escribirte
antes del sábado. Después de estos duros días festivos
dedicados a la carga y descarga de objetos pesados y
a la eliminación de olores testosterónicos, por fin
puedo sentarme a escribirte".(Aida)
“Dentro de la sociedad en que me inscribo, me inscriben,
una de las ideas que me sorprenden es la de la limpieza.
Alrededor de esta casi gira todo. La limpieza de uno
mismo, minuciosa, uñas, dientes, orejas, cuerpo. La
de la casa, interminable, la ropa y hasta el coche.
¿Por qué por mucho que limpie sigue estando sucio? Depende
de los ojos que lo miren, y digo mirar con el sentido
de lo que lleva implícito de experiencia. Dentro de
la cultura que me ha rodeado la idea de pureza ha sido
siempre asociada a limpieza. Lo brillante, lo limpio
se asocia a lo bueno. Me retumban en los oídos palabras
de mi familia como lávate, una mujer no puede ir sucia.
Que vergüenza, vaya pelo llevas…que va a decir tu padre…De
todo esto saco que para ser una verdadera mujer, inscrita
en la feminidad se ha de ir limpia, y parecerlo, peinada,
arreglada.
Esto unido a cuando el nerviosismo está en auge, el
ataque te piílla estás tan agobiada que no te puedes
concentrar y ….a limpiar…la mejor súper limpiadora espacial
ha llegado, enchufada la música electrónica, ya no hay
quien me pare…La limpieza y yo”. (extracto intento de
autoetnografía 6/3/09)
  
(FOTOGRAFIAS DE SEVILLA AUTORA AIDA)
La limpieza es un mito en nuestra sociedad, mito que
“expresa reglas de la cultura” Paul Bidou, 1989:113).
Lo limpio como lo sagrado y lo sucio como lo impuro.
Lo sucio está asociado a la contaminación a la enfermedad,
“Se manipulan los peligros de la naturaleza con fines
políticos”. (Mary Douglas, 1991:VII), la mujer es la
encargada de regular ese flujo de contaminación siendo
la salvaguarda de lo sagrado, es decir de la limpieza,
“hemos comprendido que, aunque profanas las verdaderas
preocupaciones tienen que ver con lo sagrado”. (Catherine
Clément y Julia Kristeva, 2000:10), la limpiezas son
ritos seculares, que si bien tiene relación con creencias
religiosas están desvinculadas de ellas. La impureza
se lava; “cuando una mujer tenga la menstruación, permanecera
impura siete días (…) el que la toque se lavara (...)
y quedara impuro hasta la tarde”.(Levítico, 15.19)
Los mitos se asientan a partir de diferentes y variados
ritos. Los ritos crean y controlan la experiencia. Detrás
de las ideas de limpieza se esconde un sistema simbólico
de creencias, ahora asociado a la higiene y la enfermedad,
pero que su vieja definición era como “materia puesta
fuera de su sitio” (Mary Douglas, 1989:34), lo sucio
se define como los que está fuera, que no está ordenado.
Ir sucio, chorreando grasa en el pelo, oliendo mal es
un tabú. Lo de oler mal o bien es cuestión de creencias
y contextos. Hace años al pasar cerca de un biohombre
mayor me dijo: “que asco, las mujeres de antes olían
a coño no a esa mierda de colonias”. Las creencias cambian
según la época y el lugar. EI contexto en el que me
encuentro, ir sucio implica enfermedades y rechazo social,
“la lógica del tabú recurre a los peligros naturales
para reforzar los valores de la comunidad y la visión
del mundo actual” (Mary Douglas, 1989: VIII).
La limpieza es una categoría que afecta al género, pues
está feminizada. Limpieza igual a salud, limpieza igual
a belleza, limpieza igual a estatus. El que una persona
vaya limpia o no, coloca en una escala jerárquica de
poder. Si es un biohombre el que lleva manchas en la
camisa la culpable es la mujer de este, o su madre.
Comentarios de unas biomujeres a otras en la salida
del colegio, “ay que ver como los lleva de sucios”.
Las biomujeres son las que vigilan
que todos vayan limpios, no solo los suyos sino
también el resto de la comunidad, censurando o aprobando;
“esa es un guarrón”. Mi abuela a mi abuelo “pero chico,
quítate esa camisa que vaya lamparón llevas”.
Responsables y vigías hemos sido educadas en la limpieza
y el olor. Hasta el punto que en ocasiones, nuestra
valvula de escape sea limpiarlo todo. Los olores también
son responsabilidad femenina, oler bien, perfumes, ambientador,
ventilar la casa. Tenemos el olfato educado, se le ha
prestado atención desde pequeñas, por eso en situaciones
en las que “el desodorante te traiciona”(mensaje publicitario
dirijido a mujeres) se genera una preocupación causada
por oler mal en un lugar público, una inseguridad sin
límites. En nuestra sociedad las mujeres no pueden oler
mal, mientras los hombres según las circunstancias si.
Estas circunstancias equivalen a la clase social y al
contexto, pero no se me ocurre uno en el que esté permitido
oler mal a las mujeres. La suciedad es impura y como
de las impurezas y los pecados se encargan las biomujeres
de la limpieza, de sacar brillo también. “El nuevo vip
express me da la pureza y la limpieza que necesito”,
“con dixan, la limpieza brillante”.(anuncios tv 09).
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Para dar cuenta de la experiencia
de mujeres, creo que sería una buena idea hacer un museo
de los olores por su capacidad de invocación. Para mi
el olor a lejia que queda en las manos es el recuerdo
de mi abuela. No puedo dejar de pensar en Eulalia Valdosera
y sus juegos con los detergentes, en el que además de
la vista están implicados la escucha, el tacto y el
olfato. El juego con el teléfono que se ha convertido
en forma de relaciones, de cuidados.
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